CAROLE O’NEILL

Carole O’Neill,
tú que fuiste un tiempo mía,
te digo para que lo consideres,
si aún me amas,
que cuando la nieve,
como manto de armiño,
cubra todo Central Park,
yo, el hombre del Sur,
el de la Tierra antigua,
el que nunca te engañó
– por no conocer la mentira -,
estaré en la misma latitud
de nuestros pasados gozos.

Carole O’Neill,
escúchame como antes,
cuando tú estés en Broadway,
atiborrándote de cokes y hamburgers,
before entering the show,
yo, el de la tierna mirada,
estaré en mi pueblo andaluz
sentado a la candela,
releyendo amarillentos
poemas de amor
que en nuestros días
de ‘vino y rosas`
escribí para ti.

Carole O’Neill,
oye mi niña,
si aún tienes la mirada azul,
cuando vayas a tu work de la 7th Ave,
recuerda que yo,
el más intrépido de los amantes,
recorro con la mirada,
casi todos los días,
la Vía Láctea
intentando descubrir
en las estrellas fugaces
restos de aquel fuego 
que en la primavera-verano
de la Sevilla mágica compartimos.

Carole O’Neill,
si aún te queda algo
de la dulce actress que nunca fuiste,
agarra un avión y vente a mi lado,
en este puto invierno,
el más triste de mi  treinturia.

Palma del Río, 1985


IGNACIO PÉREZ DEL RINCÓN, ateneísta.

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