¡Lobo solitario!

Lo ves por aquí, por allá. Unas veces andando, otras sobre dos ruedas lo verás. Charla con uno, o con otros…, se detiene en un bar y se toma algo, en soledad. Sigue su camino y vuelves a verlo pasar. Se diría que no se encuentra o… tal vez se supo encontrar y por ello no le afecta esa soledad.

Sin embargo si lo paras y con él quieres hablar descubres que es fachada lo que tiene ante los demás. Es algo neurótico, nervioso en su deambular. Si quieres conocerlo no sé si te dejará porque su vida íntima para él la quiere dejar. De vez en cuando te pide sin palabras que un poquito de cuenta le eches, que contigo quiere dialogar porque en el fondo los humanos necesitamos de los demás.

Cuando lo veas, párate con él, pregúntale qué tal le va porque seguro que en su cara una gran sonrisa se dibujará.


Juana León Caro de la Barrera, ateneísta

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