El carnaval de Palma del Río

In memoriam Carmelo Ruiz Barrientos, carnavalero palmeño

La fiesta del carnaval es más antigua que el hilo negro. Pero, ciertamente, Palma del Río, ha vivido la fiesta del “carnen levare”, quitar la carne, desde tiempos remotos. Y más tratándose de la antigua villa de Palma, capaz de todo, en todo tiempo.

Tras los angustiosos días de la guerra de la Independencia (1808-1814), la población palmeña recuperó sus fiestas de carnaval hasta que el cabildo capitular prohibió las máscaras y funciones el 22 de febrero, aplicando una circular del 9 de febrero de 1824. Hace doscientos años de aquellas restricciones del monarca absoluto Fernando VII. Entre guerras carlistas, invasiones militares, enfermedades contagiosas como el cólera, la peste asiática y otras calamidades, no estábamos para carnaval. Pero, las ganas de fiesta crecían, y así, la feria de agosto fue trasladada, en 1841 de la calle Feria a la calle Portada, y algunos espacios del convento exclaustrado y desamortizado de Santo Domingo se habilitó para teatro con funciones de todo registro. Por la calle Caldera, en 1867, dentro de la muralla se ocultaban “vagos, jugadores y gente de malvivir”, dispuestos a provocar un carnaval con sus propias vidas cabreados pues nos quitaron el reloj público desde el siglo XVI en la torre de la Puerta del Sol.

A finales del siglo XIX, sobre 1868, se ha formado una orquesta que alegra las fiestas, y será la génesis de la Banda Municipal de Música, asociación musical clave para los grandes momentos palmesanos hasta 1970. Después llegó el cinematógrafo, y el cine teatro del Salón Jerez. Entonces el carnaval vivirá momentos extraordinarios.

En 1907, Diario de Córdoba cuenta que «El Carnaval ha tenido este año más importancia y animación que en otros anteriores, pues la concurrencia por las calles y en particular en extenso paseo del Llano, era imposible transitar por referido paraje en las horas de la tarde. (…) las ganas de echar una cana al aire, y sobre todo el mudarse aunque por pocas horas del traje o disfraz que hemos llevado (…) Las comparsas han salido con mucho gusto y mejor chiste y lo mismo las carrozas y grupos a pie y a caballo, que han llamado la atención por la novedad, ingenio y caprichosos trajes. Las cucañas situadas en el paseo (…) El hermoso salón Jerez donde se han verificado los bailes, ha estado concurridísimo durante las tres noches de Carnaval y Domingo de Piñata (…)». La crónica es una joya de la vitalidad festiva, alegre y bullanguera de los palmeños y palmeñas. Al mismo tiempo, identifica el Carnaval de Palma del Río con tres días previos: Domingo, Lunes y Martes de Carnaval y Domingo de Piñata.

En 1909, Palma del Río estaba consternada con las muchas víctimas palmeñas de la guerra de África. En la ciudad se formó una estudiantina para cantar y recaudar fondos para nuestros soldados. Las guerras siempre suponían un giro en los carnavales. En 1938, en plena Guerra Civil, en Palma del Río se celebró en triduo de Carnaval en la parroquia de la Asunción, que suponía tres días de misa y oración antes del Miércoles de Ceniza. Acabada las funciones religiosas autoridades y pueblo se iban al teatro Jerez para disfrutar del Carnaval civil, con funciones alegres y comedidas. La Dictadura Franquista prohibió el Carnaval pero el pueblo lo mantuvo a pesar de las correrías de los policías municipales. Nadie podía con los grandes bailes del Salón España o Suizo en la calle Belén, y los jóvenes disfrazados de mujer huyendo de los agentes.

Hoy vivimos el Carnaval en libertad cimentado en una potente Democracia cultural. La diversidad, la imaginación, el colorido y la alegría de pregoneros, músicos,  mascarones, danzantes, comparsas y grupos animados de amigos y amigas han tomado la calle para decir alto y claro, esto no lo para nadie.

Manuel Muñoz Rojo – Doctor en Historia

Deja un comentario